'LA POESÍA DE LA F1'

El día en que Spa-Francorchamps se tiñó de 'rosso'

Llegamos a Spa y entre las muchas leyendas que atesora, guarda en sus curvas aquel quinto Campeonato del Mundo consecutivo del binomio de oro, Ferrari-Schumacher.

Sergio Lillo 21 de Agosto 2013 11:09

Aquel 29 de agosto de 2004, el protagonismo le fue esquivo al que parecía merecerlo, los Juegos Olímpicos rodearon una rueda de prensa en la que un piloto conseguía su séptimo entorchado mundial, y el quinto de manera consecutiva, los aplausos en la sala de prensa eran aislados, un finlandés de hielo había cruzado en primera posición la línea de meta y, sin embargo, el rojo teñía el legendario trazado belga. Así es la Fórmula 1 en ocasiones, algunos comentan que siempre; altiva, soberbia, interesada y generadora y aniquiladora de mitos.

Al abrigo de las Ardenas, el Campeonato del Mundo de aquel año en el que Madrid se tiñó de negro y llanto, esperaba su resolución de manera inminente y, como no podía ser de otra forma, el 'Kaiser' quiso cerrar su trabajo a falta de cuatro Grandes Premios para concluir el año. Como toda historia poética en el 'Gran Circo', el quinto Campeonato del Mundo consecutivo para 'Schumi' estuvo rodeado del hastío y la indiferencia de muchos, que vieron como Ferrari arrasaba los primeros cajones de once de los dieciocho podios que aquel 2004 dejó para la memoria.

Cual líder de un ejército imparable, cual estratega que no deja nada a la suerte y cual hombre del norte que piensa antes en su gloria que en los rivales que se le cruzarán por delante, así enfocó Michael Schumacher la temporada en la que recibiría su séptima corona de laurel. Pero en Spa-Francorchamps, lugar de miel y hiel para el germano, fue un finlandés, más norteño que él mismo, quien acarició la bandera a cuadros tras tres coches de seguridad en pista y 44 vueltas de accidentes y estrategia.

Las crónicas de hace nueve años reflejan la osadía y el valor, desmedido en ocasiones, que en aquella parrilla de 20 monoplazas existía. Hablamos de los Zsolt Baumgartner, Antonio Pizzonia o Nick Heidfeld entre las grandes estrellas del momento, Räikkönen, Alonso o el propio Schumacher. Las piezas de carbono que los nueve monoplazas retirados provocaron, así como algún otro que continuó su camino hacia la línea de meta previo paso pro boxes, inundaron el trazado belga y el ritmo aplastante de Ferrari se vio condicionado por un MP4-19B que con Kimi a los mandos se comportó como caballo ganador.

Antes del segundo coche de seguridad, 'Iceman' ostentaba una clara ventaja de casi diez segundos con el 'Kaiser', pero Baumgartner y Button se encargaron de que en la subida al 'Raidillon' se gestase una nueva oda al carbono y sus fibras. Schumacher se quedaba pegado al alerón del McLaren, decorado con aquella publicidad tabaquera, y todos confiaban en que en el relanzamiento, el F2004 impondría su ley. Pero cuando hablamos del finlandés de hielo nada puede darse por supuesto si en sus manos está el cambiar el curso de la historia.

El 7 de 'Schumi'

Kimi jugaba con la falta de temperatura de los neumáticos Bridgestone de Michael y con su prioridad a la horda de relanzar la carrera antes del paso por meta. El alemán no conseguía seguir su ritmo y quedaba rezagado...hasta que el tercer y último coche de seguridad hizo acto de presencia en una función digna de las mejores óperas europeas. Más carbono, más Safety Car. Una vez más, el frío y calculador piloto escandinavo jugo sus cartas y su mano, definitivamente, resultó ganadora pero aquello no hería en exceso a una Scuderia que se hacía con un nuevo título de Pilotos.

Las sonrisas inundaron el box de Ferrari, mientras Spa se teñía de rojo, ensalzando un segundo puesto que sabía a triunfo absoluto. 'Schumi' marcaba siete con los dedos, junto a un Ross Brawn casi irreconocible hoy en día, con ese halo de juventud y sabiduría al mismo tiempo rodeando su sonrisa. Sonrisa de hielo y fuego, sonrisas que crearon una leyenda y que la mantuvieron viva durante cinco temporadas consecutivas. Algunos achacarán a la suerte aquella 'manita' de entorchados pero el talento y la victoria por encima de todo y de todos estaban detrás, también.

'La fortuna favorece a los audaces', dicen algunos, y lo que Spa-Francorchamps vivió en 2004 es un claro reflejo de que le binomio Ferrari-Schumacher era más que audaz, era apoteósico e implacable. Letras de oro y rojo en la historia de nuestro deporte que se escribieron al compás de los nuevos tiempos, con los V10 y con los años 2000' dejando su marca original. Algunos añoraron los 90', otros vimos como un gigante crecía con nosotros.

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