'LA POESÍA DE LA F1'

Malasia 1999: Cuando Irvine, ganó, perdió, apeló y volvió a ganar

Volvemos atrás en el pasado, al primer Gran Premio de Malasia de Fórmula 1. Ferrari y McLaren se jugaban el título y el 'Kaiser' volvía.

Sergio Lillo 25 de Marzo 2014 22:00

En el desvelo de la madrugada. En la sonata eterna del calor. Mientras Europa se despertaba y Asia ya había comido, Eddie Irvine conseguiría la que a la postre sería su última victoria en la Fórmula 1. El campeonato de 1999 llegaba a sus dos últimas citas con el irlandés a sólo dos puntos de un Mika Häkkinen que no sufría, en esta ocasión, el acoso de Michael Schumacher.

El piloto germano se había roto la pierna en el GP de Gran Bretaña del mes de julio y regresaba para disputar las dos últimas pruebas del año en pos de ayudar a su compañero -que no amigo-, Eddie Irvine a conseguir su primer título mundial. En clasificación, el Ferrari número 3 de Michael Schumacher arrasaba a la competencia, dejando a más de nueve décimas al otro monoplaza rosso y a un segundo y una décima a los dos McLaren-Mercedes de Coulthard y Häkkinen.

El bautismo de Sepang

El trazado de 5.542 metros debutaba en el calendario de la Fórmula 1 aquel año y lo hacía como la penúltima, y más que relevante, prueba del aquel campeonato. El que estaba llamado a ser paladín de Maranello aún no había logrado su primer título con los italianos, pero trataba de hacerles lograr el de Constructores tras su inoportuna lesión británica. El irlandés, firme y agrio, miraba con recelo la sonrisa ganadora de un Michael que, no obstante, aquella vez agachó la cabeza y cubrió las espaldas de su capitán mientras los jinetes plateados trataban de darle caza.

Los semáforos se apagaron y 'Schumi' arrancó a la perfección, en un intento de olvidar fantasmas pasados y pesadillas recientes. Por detrás, Eddie se quedaba sólo manteniendo a raya a los dos McLaren y a un guerrillero Barrichello. Pero tras la exhibición inicial, en un intento por anticipar que en 2000 volvería con todo para hacerse con el ansiado título, Schumacher bajaba el ritmo y le facilitaba el adelantamiento a su compañero.

Desde ese momento, Michael peleó una batalla que era la suya y al mismo tiempo nada tenía que ver con él. Se defendió con uñas y dientes, como sólo él sabía hacer pero, antes, David Coulthard le ganaba el envite en la vuelta 5 y se escapaba a la caza del moreno irlandés. La fortuna jugaba las cartas de los italianos y diez vueltas más tarde el MP4/14 del escocés decía basta y evitaba un cara a cara por la 'corona'.

Irvine seguía a lo suyo, mientras el Ferrari gemelo trataba de mantenerse lejos de sus espejos retrovisores para no disputar la victoria final. Pero Mika Häkkinen -defendiendo su vigente título- no estaba por la labor de aceptar la jugada de escudero del piloto alemán. En McLaren decidían llenar el tanque de gasolina del finlandés a la mitad, cruzando los dedos para que fuera suficiente y esperando que Mika se reincorporase por delante de Schumacher al salir del box.

Desenlace en entredicho

Mientras el, en ese momento, jefe de filas seguía su cabalgada hacia la gloria, Michael Schumacher volvía a taponar a Häkkinen y le daba un aliento extra a Eddie Irvine...que paraba a boxes y se incorporaba tras el único McLaren en liza. Pero el finlandés tenía que volver a entrar a falta de nueve vueltas y le cedía, desesperadamente, la segunda plaza. Michael saboreaba la miel de la victoria con una sonrisa en la boca. Acababa de regresar y conseguía lo que Mika Salo no había logrado en seis carreras.

El movimiento, cual ajedrecista consumado, fue sencillo. Palabras de Jean Todt desde el muro. Asentimiento de Schumacher tras la visera y movimiento simple, de tres casillas, para que el 'rey' del momento avanzase hacia el jaque. Häkkinen permanecía en la cuarta casilla, arrinconado por un duro Herbert que actuaba -sin quererlo- como alfil de las fichas rojas.

Caía la tarde de octubre en Sepang y las 56 vueltas se consumían. Brazo derecho al cielo claro malayo y mecánicos en el muro. Sonrisas dilatadas en el podio y un Irvine con menos alegría de la esperada tras situarse en cabeza del Mundial. Michael había cumplido su trabajo sin apenas rechistar, en Ferrari todo eran festejos pero los comisarios de la FIA declaraban ilegal el F399 por sus 'bargeboards'.

La FIA mantiene la lucha para Japón

Con los dos Ferrari descalificados del penúltimo Gran Premio del año, Mika Häkkinen obtenía la corona sin despeinarse pero ese no era el final épico para aquella temporada de 1999. La Scuderia apeló y la Corte Internacional de Apelación, reunida en París durante la semana siguiente, consideró que los monoplazas cumplían la normativa vigente.

Las mediciones no habían sido tomadas correctamente, dijeron. Y, mientras, el lejano oriente esperaba un desenlace de película, como otros que le precedieron. La historia épica no podía concluir con un disparo, debía hacerlo con una batalla en la tierra de los samurais. Pero esos son otros recuerdos, otras hazañas.

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